Ernesto Talvi: “No tengo pertenencia a nada; soy un liberal para mi propia vida”

Desde el día en que lanzó su precandidatura presidencial por el Partido Colorado, el martes 14 de agosto en el Club Larre Borges, Ernesto Talvi se volvió una figura repetida en los medios. El economista, de 61 años y hasta hace poco tiempo conocido por su trabajo desde el Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social (Ceres), apareció en programas de radio, de televisión y prensa, con frases que luego se siguieron reproduciendo en redes sociales. La curiosa definición de “liberal, progresista e internacionalista”, la propuesta de creación de 136 liceos públicos de tiempo completo en las zonas más vulnerables del país y el estrecho vínculo con Jorge Batlle del que se jacta en los últimos meses, vienen sonando casi que hasta el cansancio.

Pero detrás de esa imagen que construyó en los últimos dos años con los Encuentros Ciudadanos desde Ceres —y que intenta proyectar desde que desembarcó en la arena política—, hay otras facetas de Talvi que son menos conocidas. Es un nadador no profesional de 40 piscinas diarias, no tiene vínculos con la masonería, es franco y angloparlante, tiene ascendencia judía aunque lleva una vida laicista, y nació en La Blanqueada pero se crio en Carrasco.

En algunos círculos se comenta que es un candidato joven, pero a los 61 años no se es estrictamente joven.

Soy joven en la política. Nunca estuve en ella ni milité. Soy votante como ciudadano y tengo mis simpatías y preferencias que revelé por el partido en el que elegí competir en la elección interna. No soy una persona joven, pero tenemos toda la energía, la fuerza y las ganas de asumir esta responsabilidad para tratar de construir un mejor futuro para los uruguayos.

En su página web sugiere que instaló Merrill Lynch en Uruguay con 23 años. ¿Cómo fue eso?

Cuando estudiaba en la facultad fui un verano a hacer una pasantía a Merrill Lynch en Buenos Aires. Ahí había una oficina estrictamente administrativa, pero querían una representación en Uruguay. Me ofrecieron la posibilidad de ser quien la armara. Con 23 años acepté y lo hice. Algunos de los profesionales que tomé en aquel momento siguen trabajando. Hoy es una tremenda operación que emplea a un montón de gente.

¿Desde joven está en el mundo de la economía?

El proyecto de Merrill Lynch me llevó tanto trabajo que comenzó a atrasarme en facultad, y me estaba yendo muy bien. Un día mamá me dice: “Siempre soñaste con recibirte de economista e irte a hacer un doctorado a una de las mejores universidades. Si no lo hacés, vas a ser un infeliz toda tu vida. Dejá esto, terminá tu carrera y andate”. Al mes renuncié.

¿De qué origen es su madre?

A todos los efectos prácticos, es uruguaya. Nació en Cuba por accidente. Sus padres emigraron de Turquía a Cuba.

¿Turca de origen judío?

Es turca de origen judío sefaradí. Sus padres son turcos y se crio en Rivera desde los cinco años. Sus recuerdos de Cuba son escasos, es brutalmente uruguaya. Ahora tiene 92 años pero en el Mundial durante los partidos de la Selección era sobrecogedor verla alentar. Adora el Uruguay. Mi padre también. Él vino de los escombros de la guerra, de Macedonia. Vivía en Skopie cuando estalló el conflicto. Al término estuvo en París y Roma, hasta que emigró a América Latina. Encontró todo acá. Adoraba este país porque le dio una segunda oportunidad. Le permitió recuperar su dignidad, enamorarse, casarse, tener hijos. Él repetía todos los días: “Vivimos en el paraíso terrenal”.

¿Se crio en una casa de costumbres judías?

Me crie en un hogar laico. Papá y mamá optaron por darnos una educación hiperlaica. No nos educaron ni en tradiciones ni en la práctica de la religión. Nos dieron a elegir si queríamos adoptar un credo o ninguno. Yo mantuve toda mi vida la laicidad, salvo algún período un poco más místico. Me considero una persona laica en el sentido profundo de la palabra, no como la negación de lo espiritual o religioso, sino como tolerancia, apertura. El Estado no tiene una preferencia, simplemente tolera y acepta la diversidad y la multiplicidad. En ese sentido, me siento profundamente laico. Lamentablemente, no soy creyente. Admito que en muchas instancias la fe da una fuerza y una energía extraordinarias. Respeto a la gente que la tiene, en cierto punto la admiro, pero no me voy a a despojar de mi laicidad a los 61 años.

¿Tiene algún vínculo con la masonería?

No, ninguno.

¿Todavía es tabú decir que se tiene?

No sé si es tabú o no. Tengo amigos de la masonería o que pertenecen a distintos grupos. No tengo pertenencia a nada. En ese sentido, soy un liberal para mi propia vida. No solamente en un sentido filosófico, de que creo en las instituciones, en la separación de poderes, en el gobierno de la ley, es decir, dispositivos de la democracia liberal fundamentales para proteger al ciudadano del abuso de autoridad, la arbitrariedad del poder y proteger a la democracia de las mayorías circunstanciales que intentan socavarla. Por eso nos definimos como progresistas y liberales. No tengo pertenencia a grupos.

Únicamente a un club deportivo.
Voy a nadar al Club Náutico desde que tenía cinco años e iba a jugar al baby fútbol. Hoy voy todos los días a nadar, si puedo.

¿Cuántas piletas hace por día?

Unas 40 piletas. Ahora las estoy haciendo de noche, tarde. Sobre la hora del cierre y los fines de semana. Soy socio del Club Náutico, pero no hago vida de club; soy hincha de Peñarol, pero no hago vida de Peñarol; soy votante desde que me conozco del apellido Batlle, y de Jorge Batlle desde siempre, pero nunca milité en política ni pertenecí a ningún grupo político; tampoco pertenezco a ningún grupo religioso ni a ninguna parroquia o templo; no tengo una relación con la masonería, más allá de la que todos tenemos como uruguayos con conciudadanos que sí pertenecen. No discrimino a nadie. A la gente la juzgo por sus actitudes, su manera de pensar, actuar y su forma de ser, no por una pertenencia. Eso es parte de mi laicidad.

Se crio en Carrasco y fue al colegio British Schools. ¿Cree que eso puede ser visto con recelo?

Soy un privilegiado en Uruguay, lo asumo y lo tengo claro. Mis padres no lo eran. No nací en Carrasco, nací en avenida Italia y Centenario. Mis padres apostaron a mi educación y quisieron darnos a mi hermana y a mí la que entendieron que era la mejor. Para ellos, debía tener tres ingredientes: doble horario, en inglés y con bachillerato internacional que nos permitiera tener acceso a las mejores universidades del mundo, para que eligiéramos si queríamos quedarnos en Uruguay o irnos. Aunque después me hicieron hacer francés tres veces por semana en la Alianza Francesa, luego del doble horario, lunes, miércoles y viernes.

¿Habla francés?

Sí, tengo el Diplôme de Hautes Études Françaises de la Alianza Francesa. Hice la opción traducción simultánea. Con el amor que me transmitieron mis padres por el Uruguay nunca me quise ir. Ellos nos transformaron a mi hermana y a mí en unos privilegiados a través del estudio. Yo lo único que quiero es que todos los ciudadanos uruguayos tengan la misma posibilidad que tuve yo, no desde la educación privada, sino de la educación pública. Por eso planteamos una reforma muy alineada con la que propone Eduy21, para tratar de devolverle la dignidad a lo público y que no tenga nada que envidiarle a lo privado. Que vuelva a ser el gran articulador, integrador y trampolín social como lo era cuando llegaron mis padres al Uruguay. Lo asumo, es lo que soy. Los ciudadanos me tienen que conocer por quien soy. Estoy pidiéndoles su confianza y simplemente que sepan que estoy y estamos trabajando para que esa oportunidad que tuvimos mi hermana y yo la tengan todos los ciudadanos de este país.

Endilgarle a una persona el término “tecnócrata” o “neoliberal” es un estigma muchas veces cargado de sentido. ¿Decir “Talvi es un Chicago boy” también lo es?

Los estigmas tienen eso, intentan descalificar. Es un descalificativo implícito. Las campañas son largas y la gente termina conociendo al candidato más que a su propia familia. A la larga te ven por lo que sos y estas etiquetas funcionan por un ratito. No es lo que más me gusta, pero tampoco me hago un drama con las etiquetas. Si se entiende Chicago boy porque hice mi doctorado en la Universidad de Chicago y por ende soy un exestudiante de una institución que tiene 15 premios Nobel, y estudié con cinco de ellos, entonces sí. Si se entiende por todo lo que el folclore local le pone, que estamos al servicio de la privatización, de las multinacionales, de la explotación del trabajador y toda esa monserga y discurso que ha degradado el término liberal a algo que uno debe rechazar cuando la enorme mayoría de la ciudadanía uruguaya se siente liberal de corazón y aprecia la libertad como el puntal más importante de la organización de la sociedad… No. Con el folclore local no me asocio. El mote de Chicago boy que se me aplica está muy lejos. Me considero un liberal, progresista e internacionalista, con lo que implica en términos de la sociedad en la que se quiere vivir.

En el caso de que no sea electo presidente, ¿seguirá en la política ocupando el lugar que le toque?

Nada de lo que he hecho en mi vida fue algo que dejé a medias, todo lo construí. Tomé una decisión de vida difícil acá. Dejé atrás todo lo que adoro para tratar de, a través de la política,  apurar el paso para que se lleven adelante los cambios indispensables e impostergables que el país precisa tratando de construir una coalición política alternativa a la que hoy nos gobierna, que permita reformar la educación, la inserción del país en la comunidad global y generar empleos de calidad para mandar productos y servicios con el trabajo de los uruguayos y no mandar uruguayos al mundo porque aquí no encuentran trabajo. Vemos al Frente Amplio, por las contradicciones internas que tiene, como un proyecto político agotado, incapaz de darles respuestas a los desafíos que hoy se le plantean al país. No los que se le plantearon en el 2005. Le reconocí al Frente Amplio muchos méritos, pero no creo que hoy pueda dar respuesta a los enormes desafíos que tiene el país por delante y por eso se precisa construir una coalición política distinta. Vamos a estar donde el electorado nos coloque. Ojalá que sea para presidir una coalición, porque nadie va a poder gobernar solo. Si no lo es, estaremos como socios de una coalición o seremos oposición responsable asegurando que el país siga por el camino de la sensatez.

¿Ocupar el lugar que le toque según el respaldo electoral, fue una decisión repensada?

No, no. Es una decisión desde el principio. Sé que se dijeron cosas de manera intencional: “Si Talvi pierde la interna, se va para su casa”. Me toque donde me toque, estoy pidiéndole a la ciudadanía que nos honre con su confianza para servirlos, sea en el lugar que sea, los vamos a servir y vamos a estar empujando por los cambios impostergables que el país precisa.

Según publicó Búsqueda, entre los espectadores del lanzamiento de campaña de Ciudadanos estuvo Dante Peirano, para muchos la cara de la crisis de 2002.

Estoy de acuerdo, es la cara. Es una presentación abierta y puede ir el que quiera. Nosotros no censuramos a nadie. Es un ciudadano libre que ya cumplió con su pena de prisión, no digo condena porque nunca fueron condenados. No censuro a quien va. No quiere decir que condone lo que ocurrió con el Banco de Montevideo. También estaba el excandidato a la presidencia y exministro del Interior, Guillermo Stirling. Fue por cuenta propia y dijo que le gustaba el proyecto y que se sentía cerca. Bienvenido sea el apoyo, pero en su primera aparición pública dijo que estaba en consonancia con el proyecto de reforma constitucional de Jorge Larrañaga, que no coincide con Ciudadanos, pero es libre de ir.

En sus últimos años, Jorge Batlle decía en sus círculos cercanos que usted iba a ser candidato del Partido Colorado.

Se lo dijo a todo el que lo quisiera escuchar. Lo supe aún más cuando se fue. Él vino un día a Ceres en su auto destartalado y con su campera roja. Se sentó frente a mí y me dijo: “Mire, Ernesto, le vengo a hacer una propuesta. Yo creo que usted es una persona que tiene un sueño, un proyecto de país, que está enamorado de Uruguay. Ha formado aquí una legión de jóvenes preparados en las mejores universidades y se le van a sumar muchos más si decide largarse en la política. Se ha hecho una reputación sin caciques —juro que todo esto es lo que me dijo—, usted tiene una comunicación con el ciudadano común mejor que la que tiene con las elites. A usted le puede ir muy bien en la política. Y yo quiero proponerle que se anime, pero le tiene que gustar. Tiene que tener ganas, si no, me levanto y me voy”. Le contesté que desde marzo de 2016 comenzaba con los proyectos de Encuentros Ciudadanos que teníamos en carpeta con Ceres y que me iba a tomar dos años.

¿Qué lo impulsó finalmente?

Luego recorrí todo el país y estar en 50 localidades desde afuera de la política pero en contacto muy íntimo con las angustias, esperanzas e ilusiones de personas que conocí. Cuando junté las dos cosas dije que tenía que asumir una responsabilidad. Cuando Jorge muere, me quedé sin el referente, el que me animaba y estimulaba. Me pregunté si podía armar un proyecto político con el que me sintiera cómodo. En Brookings, una organización sin fines de lucro que se considera la Harvard de las instituciones de políticas públicas en Estados Unidos, tienen una red de talento de gente que trabajó con Obama, con Bernie Sanders y conocen a los equipos de Macron. Les pedí que me ayudaran a concebir y pensar cómo se arma una organización política, los equipos, la comunicación, el financiamiento. A partir de un montón de contactos y consejos armé un proyecto y luego decidí que lo íbamos a adoptar y adaptar. Junté a seis personas del Partido Colorado que me merecen confianza.

¿Se puede saber quiénes son?

Adrián Peña, Ope Pasquet, Pablo Lanz, edil de Florida por el Partido Colorado, Raúl Lago, secretario de Presidencia de Jorge Batlle, Max Sapolinski y Margarita Machado. Ellos me ayudaron a adaptar y concretar este nuevo proyecto político. Cuando tuve claro que armarlo como quería era posible, decidí dar el paso. Me llevó tiempo, no fue una decisión a la ligera.

¿Por qué siempre se rodea de gente joven? No se le conoce un número dos a Talvi.

Quizás porque me gusta dar clases. Tengo poco tiempo para hacerlo. No lo digo por vanidad, pero reconozco a partir de los estudiantes que lo hago bien. Lo digo orgulloso. Me gusta la tarea de ser mentor, de formar, ayudar, proyectar y propulsar a gente joven. Desde Ceres formamos en 20 años jóvenes que se fueron a estudiar a las mejores universidades del mundo. Hoy son un capital enorme para el país. Algunos regresaron y otros tenemos que crear las condiciones para que vuelvan. Es una tarea preciosa porque también recibo mucho de ellos, entusiasmo, talento, trabajo. Me rodeo de gente joven en el día a día, pero la experiencia está en los lugares en los que tiene que estar. No va a haber nada librado al azar ni improvisado. Esperamos que la ciudadanía reconozca que estamos haciendo esto con mucha profesionalidad.

En estos tiempos que vienen, parecería que se necesita una persona bien política a su lado.
La tengo. Tengo dos personas que están a cargo de coordinar la organización político-electoral. Son el diputado Adrián Peña, secretario general del Partido Colorado, y Pablo Lanz, que hoy es edil de Florida. No es muy conocido todavía a escala nacional. Antes de fallecer, Jorge Batlle me dijo que me fiara en él. Ambos tienen 40 y pocos años. En el área programática la primera persona que pensamos como referente de los equipos y va a trabajar coordinando el área de integración social es Ney Castillo. No es un recién llegado, es un profesional extraordinario. Fue candidato a intendente y hoy dirige la Fundación Pérez Scremini.

¿Realizó recorridos por el interior con Julio María Sanguinetti antes de tener contacto con Jorge Batlle?

Jamás. Nunca. Jamás de los jamases. No tuve ningún recorrido por el interior con Sanguinetti. La primera reunión que tuve con Sanguinetti fue después de que murió Jorge y porque él me llamó. Todas las veces que me reuní con Sanguinetti, me llamó él para algo que también me honra. Me dijo: “Se fue Jorge, yo sé la relación que tenía con él, quiero darle el mismo estímulo, energía y confianza para que se anime, porque creo que sería un aporte muy bueno para el Partido Colorado y el país”. Nada más. Nunca jamás recorrí el país con él, no fui a ninguna parte y tampoco lo hice con Jorge.

Dos cuadernos y diez meses con Jorge Batlle

En los últimos diez meses de la vida de Jorge Batlle fue un contacto muy intenso, muy especial. Él le dijo a quien lo quisiera escuchar que quería que yo fuera candidato. Así recorrió el país tratando de arrimar gente joven y entusiasta que mañana pudiera apoyarme. De hecho, mucha gente se sumó gracias a él. Otra cosa que hacía era llamarme cada una semana o diez días para venir a visitarme o comer galletitas y tomar café y hablarme del mundo y de la política. Yo tomo muchas notas cuando me reúno y tengo dos cuadernos y medio de los 10 meses de hablar con Jorge. Que de golpe un Batlle, el cuarto de una dinastía de presidentes, le venga a decir a un hijo de inmigrantes de primera generación “creo que tenés que asumir la responsabilidad de los destinos del Partido Colorado y del país” es increíble. Eso habla del Uruguay.

Entrevista : Semanario Búsqueda Montevideo

ciuda Autor

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